Una de las enfermedades más graves que pueden causar los edificios a sus ocupantes y usuarios es la producida por la Legionella pnemophila, una de las cuarenta especies de esta bacteria, que produce más del 80% de las infecciones.
Se contagia como consecuencia de los aerosoles, únicamente por vía respiratoria, no se contagia de persona a persona, mediante los alimentos o al beber agua contaminada.
Esta bacteria sobrevive en condiciones de temperatura de los 0 a los 63º C y en un pH entre 5 y 8,5, con unas concentraciones de O2 entre 0,2 y 15 mg/L, aunque la temperatura ideal para crecer y reproducirse es de 25 a 35º C.
Se encuentra en las instalaciones que cumplen las características referidas y que producen aerosoles, que posteriormente pueden ser inhalados por las personas, como son torres de refrigeración, humidificadores, aparatos de refrigeración evaporativa, condensadores evaporativos, sistemas de distribución del agua caliente sanitaria, fuentes ornamentales, etc.
Su prevención pasa por un mantenimiento adecuado de las instalaciones, que consiste principalmente en la limpieza y desinfección de las mismas como mínimo dos veces al año, en primavera y otoño, siempre después de que la instalación esté un mes sin funcionar y antes de ponerla en funcionamiento, y también tras cualquier reparación.
La cloración del agua, como método de desinfección, es económica, sencilla y muy eficaz, en concentraciones que no superen las 2 ppm y con un pH inferior a 8, para mantener su eficiencia y no ser corrosiva.
Se deberán realizar pruebas periódicas, para asegurar que las condiciones químicas y microbiológicas del agua se mantienen